lunes, 19 de abril de 2010

cardiomental



cabeza y corazón en eterna desazón,
lenguajes distintos, distinta realidad
alientan separados matices de pasión
inflamando febrilmente el vuelo de libertad

cabeza y corazón, centinela y espadón
esencialmente diferentes, difiriendo en esencia,
jugando al escondite tras cada escalón,
de livianos ecos de ausencia

cabeza y corazón, testa y cardión
radio de rueda y ángulo de esquina
que erosiona el desaliento dulzón
y la esperanza esquiva

cabeza y corazón,
idealismo premeditado,
meditación demostrada,
demostración soñada,
fe razonable,
sangre caliente,
cabeza y corazón


miércoles, 24 de marzo de 2010

amargeleT




Escribo desde Marzo STOP Life goes easy STOP
Llueve a veces STOP Otras veces no STOP
La vida transcurre tranquila STOP pero con pasión STOP
¿Conoces ese sentimiento? STOP
Pasión por vivir STOP Vivir con pasión STOP
Vivir, vivir STOP

Aquí mastico minutos STOP
y saboreo desenlaces STOP
lentamente STOP muy lentamente STOP
la tierra es árida STOP
pero cruje cuando se humedece STOP
y se humedece de agua viva STOP

Aquí Coronel a la espera STOP
solicita órdenes precisas STOP
muriendo su propia voluntad STOP
sirviendo libremente STOP

Cierro telegrama con una reflexión STOP

Cada día regala muchos minutos STOP
y se puede sobrevivir a ellos STOP
o escribir en cada uno de ellos STOP
Pasando de puntillas por el tiempo STOP
O embarrándose los zapatos STOP



lunes, 1 de marzo de 2010

Aporías



¿dejarás que me vaya a pasear por los atardeceres? o por el contrario, ¿tendré que quedarme aguardando a que haga buen tiempo?

¿dejarás que tome hielo picado en invierno y café caliente en verano? o por el contrario, ¿tendré que ser respetuoso con el calendario?

¿dejarás que continúe sin ponerle sal a ninguna comida? o por el contrario, ¿no distinguiremos los sabores por aquello de ser prácticos?

¿dejarás que los domingos me levante pronto y tueste mis ideas al sol? o por el contrario, ¿querrás que durmamos en un sueño hogareño?

¿dejarás que respire aire gélido? o por el contrario, ¿cuidaremos nuestra salud?

¿dejarás que cante alegre cuando nos perdamos o cuando sangremos? o por el contrario, ¿esperarás de mi una reacción natural frente al dolor?

¿dejarás que hable cada día con el cielo? o por el contrario, ¿querrás que pongamos toda nuestra atención en lo que pasa delante de nuestros ojos?

¿dejarás que pinte las paredes con mis manos? o por el contrario, ¿tendré que usar brocha y pincel como esta mandado?

¿dejarás que camine por la vida despeinado? o por el contraio, ¿tendré que peinar mi rebeldía?

¿dejarás que escriba sin tinta ni papel? o por el contrario, ¿querrás conservar los latidos para siempre?

¿dejarás que juegue con marionetas e invente historias? o por el contrario, ¿querrás divertirte de forma madura y adulta?

¿dejarás que sea radicalmente sincero? o por el contrario, ¿me pedirás mentiras piadosas y dulces escondidos?

¿dejarás que me pase tardes y noches contemplándote sin hablar? o por el contrario, ¿me pedirás que nuestra vida no tenga nunca silencios?

¿dejarás que nademos juntos sin tener un destino fijo, eligiendo azarosamente nuestra meta? o por el contrario, ¿querrás tener destinos prefijados, eficiencia en los esfuerzos y claridad de objetivos?

¿dejarás que perdamos juntos el tiempo? o por el contrario, ¿mirarás preocupada tu reloj?





Yo te prometo que te dejaré ser tu, y ojalá me cueste mucho

viernes, 26 de febrero de 2010

Texturas



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Ocho cuentos y medio antes de ir a dormir, ocho horas y media durmiendo antes de empezar el día, ocho días y medio antes de comer fresas con nata, ocho fresas y media antes de acariciar mi guitarra, ocho canciones y media antes de cerrar los ojos, ocho ojos y medio me miran cada mañana, con una sonrisa tímida y un ligero vaivén calmado, ocho mañanas y media frías y ocho mañanas y media calientes, ocho veces y media más calor que en el desierto, ocho meses y medio de desierto, ocho ochos y medio.



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Instrucciones para poner la mesa.

Primero despeje la mesa de todo tipo de objetos que sean ajenos a este procedimiento, tales como jarrones, libros, peluches, bufandas, yoyós y pinceles.

Una vez hecho esto coja un mantel y cubra con él un trozo de la mesa. Cuando la sábana con la que acaba de arropar el tablero haya dejado escapar todo el aire bajo ella entonces proceda al segundo paso.

Segundo, tome un objeto redondo y llano llamado plato, lo reconocerá fácilmente porque se asemeja a la Luna, y ahí es donde usted luego depositará los alimentos, para que la Luna los acaricie, para que la Luna los sostenga.

Tercero, tome un tenedor. Un tenedor es un utensilio alargado, generalmente metálico, acabado en tres (o más) púas. Este tenedor debe ser el centinela que vigile la costa occidental de la Luna, de tal forma que quede al lado izquierdo del plato, descansado recostado.

Cuarto, tome una cuchara. Una cuchara es un utensilio alargado, generalmente metálico, acabado en una superficie cóncava. Esta cuchara debe ser la primera dama de la Luna, que cuide su costa occidental junto a su esposo el cuchillo, de tal forma que quede al lado derecho del plato, descansando recostada.

Quinto, tome un cuchillo. Un cuchillo es un utensilio alargado, generalmente metálico, acabado en una superficie filosa por uno de sus lados, a veces el filo es sustituido por una sierra. Este cuchillo, debe ser el consejero de la Luna, que cuide su costa occidental junto a su fiel esposa la cuchara, de tal forma que quede al lado derecho del plato, descansando recostado.

Sexto, tome un vaso. Un vaso es una torre de cristal, una torre transparente que contendrá el agua. El vaso sitúelo justo encima de las púas del tenedor, de tal forma que el centinela pueda subir a la torre para vigilar y velar por la seguridad de la Luna.

Séptimo, y por último, tome una servilleta. Una servilleta es una pequeña sábana cuya misión consiste en acariciar su cara para recoger restos de comida. Esta fina seda debe situarse a la izquierda del tenedor, de tal forma que el centinela no se vuelva demasiado arisco y tosco, y que mediante esta prenda de su ama, la Luna, recuerde su delicadeza y su belleza.



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Ernesto trabaja duro, trabaja mucho y muy duro. Él es carpintero. Y tiene unas manos duras y callosas como todo buen carpintero.

Ernesto es un artista de la madera, desde niño se divertía tallado palitos y trozos de madera. La madera es su vida. Su vida es la madera.

Ernesto se gana el pan de cada día vendiendo su trabajos de artesanía, desde mesas a juguetes, pasando por puertas y cucharas de cocinar. Cada día crea un nuevo objeto, cada día alumbra una nueva idea y la imprime en madera. Día tras día la madera de Ernesto entra a su taller siendo un simple pino o un simple fresno y sale convertida en un simpático caballito, o en una simpática estantería.

Pero Ernesto no sólo trabaja la madera para ganarse el pan, sino que él da vida a la materia inerte, infunde un alma en la materia prima que la naturaleza le regala, inyecta sangre tibia en las venas donde antes sólo circulaba savia bruta.

Ernesto es un padre, un padre amoroso que regala vida, y aunque su hija la madera le brinde astillas en los dedos y serrín en los ojos, Ernesto es todo caricias para la niña de sus ojos, Ernesto siempre la trata con dulzura y delicadeza.

Ella, su hija, es rebelde, a veces huye de las manos de su padre, pensando en el dolor que va a padecer. Pero no sabe que detrás de ese pequeño dolor, detrás de ese serrucho, o de ese martillo, se encuentra una nueva vida para ella. El dolor se transforma en vida.

Ernesto cambia el mundo con su trabajo, construye con sus propias manos, con sus manos creadoras. Ernesto es carpintero. Y el eterno amor se sirve de este pequeño instrumento.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Sin conservantes






Tierra de viento y de verde fragancia,
tierra de aire frío y de frescos paseos,
tierra muscular y de tensión y de magia,
tierra relajada y tierra de faros.

Noche de luna bronceada,
noche de pasos decididos y noche de canciones silenciosas.
Luz invernal de brillo tostado,
candelas refulgentes danzando fervorosas.

Rocas de esponja acariciadas por aguas prehistóricas,
brotes tiernos de sabores olvidados,
cama de hojas secas y hogareñas,
diminutos segundos de libertad robada.

Amor en estado puro, amor sin refinar,
amor embarrado y rústico,
amor con espina y escamado,
amor roto y sanado,
amor de cicatriz y recuerdo, de madera y carbón, de Babilonia y de Ortiguera,
amor de papel reciclado,
amor sin destilar, sin pelar, sin cocinar, amor crudo,
amor desinteresado, sin brillo ni adorno, amor sin guirnaldas,
amor de estío, amor invernal y amor otoñal.

Luces y nieblas de una historia en movimiento, caminos sinuosos de una vida en tensión creadora, vínculos esencialmente esenciales, raíces de un alma que vibra, vibración armónica de un espíritu indomable, hálito vivo de rebeldía (incendiaria).


Mientras conserve lo esencial...


domingo, 7 de febrero de 2010

Bitter schön



Me gustan los sabores amargos. Me gustan los sabores amargos y cada día mi paladar se acostumbra más al embarrado y áspero tacto del sabor amargo.

Son sabores que engañan, que esconden mucho más de lo que muestran. Tienen una primera impresión que decepciona, pero una fidelidad y una tosquedad que me enternece.

Son sabores rurales y despreocupados por su recibimiento público, sabores que no temen al rechazo. Son el pomelo, el mate y el chocolate negro. Son la tónica, la cerveza y el caramelo de café.

Son también los aires del Norte y la lluvia de la primavera. Las lágrimas de la victoria y las de la derrota. Los libros de tapa dura, los discos de vinilo, los vinos viejos, la goma quemada, el timón de mercurio, los zapatos con agujeros, los estanques verdes y el perfume de nenúfar.

Me gustan los sabores amargos. Me gusta que mi lengua se encoja al principio y que vaya confiándose poco a poco. Me gustan los procesos lentos. Me gusta edificar. Sobre todo me gusta arriesgarme y tener qué perder, tener mucho que perder; y la eternidad por ganar.

Me gusta poner toda la carne en el asador, y que la carne se haga mucho, incluso que se queme y se chamusque y que adquiera ese sabor amargo de carboncillo. Me gustan los sabores amargos antes de ir a dormir.

Sabores como el del calabacín, el del yoghurt natural y el de las cerezas jóvenes. Sabores como el del periódico, el del jabón y el de la escarola.

Me gusta morder la piel de la naranja y la del limón, porque son muy tímidas. Tímidas como el sabor a cobre y a ocre.

Me gusta ser naturalmente irracional, como el sabor amargo, y pasar desapercibido y experimentar mi debilidad, y ser auténtico como el sabor amargo lo es. Fuerza que se hace perfecta en la flaqueza.

En definitiva, me apasiona el sabor amargo, el gran incomprendido, el rechazado entre sus hermanos dulces, salados y ácidos.

martes, 26 de enero de 2010

Lentillas temporales



Es muy sencillo, solamente tienes que coger mis retinas, cógelas por el borde, porque aunque no son muy delicadas se ensucian si las coges por el centro. Cuando las hayas echado en el vidrio con agua, entonces añade un poco de nitrato de amonio y apaga la luz.

Pon un cuadradito de papel cebolla (de unos 5 centímetros de lado) encima del vidrio. Es importante que el papel cebolla sea de color fucsia.

Cuando el nitrato reaccione con mis pupilas, la imagen quedará revelada en el papel cebolla.

Entonces verás que sueño en blanco y negro y tú no te lo creías, verás también que le tengo miedo a la oscuridad, verás que mis recuerdos tienen banda sonora, pero que mi futuro desafina.

Si te fijas con cuidado también verás como usaba libros de almohada, para leérmelos mientras dormía, verás que inventaba instrumentos de música con botes de lápices, y que hablaba con ratones de fieltro.

Espero que encuentres todo de tu agrado.

Cuando hayas terminado, lávalas con abundante agua, y si eres tan amable, colócalas otra vez en su sitio, entre mi mirada y mi pensamiento.





PD: si quieres te las alquilo por tiempo indefinido, pues me sobran los ojos para contemplarte

viernes, 18 de diciembre de 2009

Ver Sacrum



Únete a mí. Únete a mi lucha. Únete a mi sueño. Vibra conmigo. Miremos al futuro con valor y desafiantes. Sepamos que podemos hacer cambiar de dirección al gigante esférico hipnotizado que lleva girando automáticamente millones de años.

Dame la mano y sujétala con fuerza, porque nos vamos a necesitar, porque nos van a necesitar, porque les vamos a necesitar. Ahora llena tus pulmones de aire, tanto como si fueran a estallar. Y ahora otra vez. Y una vez más.

No hace falta más saliva, ni más tinta, ni más savia bruta. No hacen falta más hojas de papel, ni más acordes, ni más estética.

Necesitamos poesía natural, orgánica, y libre. Necesitamos hacer poesía con nuestra vida. Pero no cantos que se oigan a lo largo y ancho del mundo, sino un canto que suene débilmente en cada corazón humano.

Siente el frío que te rodea y que te quema la cara y que quiere herir tu corazón.

Y ahora que ya está todo listo, ahora que estamos preparados, ahora que vamos a quemar nuestros pasos en una sola dirección, que vamos a inflamar el alma de la única razón incandescente para inyectar sangre tibia al mundo, te pido que nos miremos.

Déjame pedirte con infinita humildad que gires tus pupilas magníficas y victoriosas hacia mi, que me dejes reflejarme en tus iris desnudos, que me permitas saborear tan solo un miligramo de tu infinito y tiernísimo amor.

Hagamos ya la apuesta y pongamos nuestro corazón como prenda.

Eso es una victoria segura.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Oniris


Él duerme. Él duerme profundamente. Él duerme despreocupado, duerme a pierna suelta. Él ronca. Él sueña. ¿Qué sueña? Sueña que sueña. Sueña soñando y soñándose. Pero no se despierta, porque el sueño aún le sabe a poco. Es demasiado interesante como para despertar ahora. Aunque él sabe que duerme, pero eso lo hace más apasionante. Pisa el Sol, sus pies desnudos acarician la piel del Sol, y está tibia. Es agradable.

Ahora respira agua. Agua fluyendo dentro y fuera de su pecho. Fluyendo libre, fluyendo viva. Eso le refresca. Le enternece.

Él come hierba. Mastica las tiernas briznas cubiertas de rocío. Él saborea el verdor del Norte, saborea el espesor tropical del Sur.

Él hace el pino en una nube. Con las dos manos. Con una mano. Y se columpia de las estrellas. Constelaciones y juguetes. Juguetes y constelaciones. Cinturón de Orión.

Y salta de una estrella a otra. Y a cada salto suena una nota. Algunas bonitas. Otras no.
Esta sí. Esta también. Esta no.

Y en el último salto todos sus músculos se congelan. Rigidez. Ni un sólo movimiento. ¡Quieto! Es como hielo. Los hilos le levantan. Los hilos le tumban. Como una marioneta. Pero no es una marioneta. Es libre. Y está frío. ¿Por qué? Porque le han tumbado sobre el hielo.

¡Y qué cómodo es dormir sobre hielo! Hielo congelado, duro y transparente. Hielo natural. Hielo que sana y duele, a la vez, hielo síncrono.

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Ella duerme. Ella duerme preocupada, duerme a duermevela. Ella respira. Ella sueña. ¿Qué sueña? Sueña que sueña. Sueña soñando y soñándose. Pero no se despierta, porque el sueño aún le sabe a poco. Es demasiado interesante como para despertar ahora. Aunque ella sabe que duerme, pero eso lo hace más apasionante.

Ella tiene alas y vuela. Vuela arriba y abajo. Y arriba y abajo. Y abajo y arriba. Y aun más arriba. Ella se sienta en la Luna. Y está blandita. Y no es de queso, sino de nata montada. Besa la Luna. Y es dulce. Muy dulce. Su lengua baila con la nata, y la Luna baila con el sueño de ella.

Ella baila. Baila desnuda. Desnuda de miedos. Vestida de papel. Papel de seda, de ese que se arruga. Papel femenino, femenino e incógnito. Con cintas en el pelo. Cintas rosas y amarillas. Rosas como lo que se esconde debajo de las uñas. Amarillas como los destellos de su iris.

Ahora ella corre. Corre lejos. Corre arriba de la montaña, donde el aire es ligero y huele a nada. Nada le duele. Sigue corriendo. Menos aire. Sigue corriendo. Menos aire aún.

Se ahoga en su propio afán. Lenta agonía de victoria. Y entonces reposa. Sobre sí misma, recostada. Recostada en su costado, de costado en la costa.

Las olas relajan las plantas de sus pies. Porque están doloridas. La espuma de las olas le hace cosquillas entre los dedos de los pies. Y el sonido de las olas le encanta. Le encanta como el olor a galletas de su abuela. Como el calor de la leña crepitando en su salón. Como los abrazos de perfume y como los susurros con lágrimas. Pero no lágrimas amargas. Lágrimas tiernas.

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Tiernas como las briznas de hierba que él come. Tiernas como las lágrimas que a ella le susurran.

Tierna como la vida misma


martes, 8 de diciembre de 2009

Djem puiw



al comienzo sólo un humilde parpadeo
insignificante, esquivo, tímido
un parpadeo diminuto y fugaz

y la empatía reúne parpadeos
que silenciosos entonan
la oda de los sisbrisados

repentinas lúminas
que penetran los ópices de mimbrel
frigiando el desencanto, la dulzura y la miel

rempasos de fedonia
que acarrean sinteles de tu iris
y que silabean arpegios encadenados
vuelan esta noche y las demás
anhelando tu deshielo y mi inherencia

glory

majesty

y también humility

descansa de tu epopeya reina blanca
que los coros de los hombres
vienen a salvarte