martes, 13 de octubre de 2009

Microcosmos



Súbase encima de un hoja diminuta,
póngala bajo sus ligeros pies,
trepe hasta lo alto de un trébol,
contenga la respiración,
un poco más aún;

déjese caer, cortando el aire con la hoja,
planeando sobre la gravilla
y la corteza del jardín,

aspire el aire tibiamente gélido,
hasta que note un hormigueo en sus pulmones,
ese hormigueo se llama Limpausa,
por lo menos aquí, en mi mundo.

Divise alguna hormiga,
dígale "Adiós" con la mano,
y mire al horizonte,
a ese superlativo horizonte,
que amanece tan temprano y tan húmedo y tan fresco,
pero que no es más que sublime poesía.

Y entonces, y sólo entonces,
anímese a cantar algo aporético
apologizando el apocalíptico apodo
de Apolonio.


Apogeo revestido de guirnaldas. Carmesíes.


hágase primero pequeño, ya hablaremos después de ...


domingo, 6 de septiembre de 2009

Perfume Verde Oscuro


velocidad de obturador a 60 segundos
filtro verde oscuro
¿que las ventanas por la noche no son verdes?¿que eso es irreal?
mágico lo llamo yo




La noche huele a verde oscuro, a pino destilado y a licor de ciprés en frasco pequeño; y yo con insomnio, gracias a Dios.

Salgo volando por la verde ventana de mi habitación que me está susurrando que huya, desde aquí arriba las luces de los coches son verdes, y las de las farolas también, los besos robados son verdes y las lágrimas de las despedidas verde oscuro tirando a verde

Cuando sobrevuelo Narbonia desciendo hasta llegar a sus jardines, jardines elegantes, románticos, estéticos, épicos. Paseo entre sus frondosos setos, y juego al escondite con mi verde sombra.

Me descalzo, porque la hierba con zapatos se pisa, y sin ellos se asimila. Me asimilo con el jardín, con la melodía verdosa que arrastra el viento y tras un largo pasillo tejido con una pérgola de enredadera llego hasta la orilla de un estanque iluminado.

Uno, dos, tres escalones hasta hundir mi pie en el agua verde oscura, cuatro, cinco, seis, siete, ocho y nueve hasta estar completamente sumergido en ese océano verde de 15x10 metros cuadrados. El mundo se ve curioso desde aquí dentro, una sirena verde pasa por delante de mí, y un delfín verde me acaricia un pie... siete, ocho, nueve escalones y ya estoy fuera, ahora si me he mimetizado.

Una mano me acaricia el rostro, suave al tacto, delicada, frágil. Pertenece a una mujer, con un vestido largo entallado y verde oscuro. Acerca su boca a mi oreja y me dice: "Ceux qui rêvent éveillés ont conscience de mille choses qui échappent à ceux qui ne rêvent qu'endormis". Y yo sin entender muy bien sus verdes palabras me deshago de su abrazo.

Cierro los ojos, aspiro, inspiro, respiro, expiro parfum vert foncé.


domingo, 30 de agosto de 2009

Sisbrisia




Ven, sentémonos aquí un rato a esperar, a esperar a que la lluvia nos pille desprevenidos, a que las palomas nos hagan burla y a que la gente vaya y venga sin fijarse en nostros.

Aquí a mi lado, te enseñaré cómo gira el mundo, aun cuando nos hemos bajado un instante de él, como sigue con su inercia, su cabezota inercia. Será entonces cuando te des cuenta de que no tengo nada que enseñarte, que todo lo mío es tuyo, desde antes de conocerte; que mi vida vale poco, y con ese poco compraré tu felicidad, si tu me dejas.

Porque tu y yo vivimos en el mundo, pero no somos del mundo, porque tenemos nostalgia de un tiempo infinito, de un país multicolor y musical, sobre todo musical. Porque tu corazón se hace cada vez más grande, con cada herida, con cada rechazo, con cada amor, con cada caricia, más y más grande, infinitamente más grande que el mío.

Y es en ése corazón tuyo donde yo quiero dormir, dormir a pierna suelta, como un bebé, como un lirón, como una marmota, y reirme de tanto dormir.

Ven conmigo, sentémonos aquí un rato a pensar, a hacer planes, para luego reirnos de ellos, a inventar el futuro llevando la contraria a los partes meteorológicos y al Otoño, y al Invierno y al Verano, dejándo que la Primavera nos sorprenda.

Yo silbaré una melodía para que dances libre, como el agua, como la savia bruta y como el líquen en la roca.

Y tú me susurrarás palabras vivas, que me estremezcan de ternura, que me llenen de fuego, porque gracias a ti carezco de todo y abundo de todo



jueves, 27 de agosto de 2009

Manifesteer




Gracias pero no.

Creo que se muy bien quién quiero ser, y en qué clase de hombre me quiero convertir. No necesito de vuestros modelos, de lo que llamaís vida cotidiana o tiempos modernos y que plasmaís en series televisivas y películas, porque claro, en los libros la gente pierde mucho tiempo y además, ya se sabe, una imagen vale más que mil palabras.

Creo que me siento perfectamente bien con mi cuerpo y que adoro mis imperfecciones, porque son las que me hacen y me dan personalidad, asique muchas gracias, pero no quiero vuestros moldes perfectos para fabricar belleza.

Definitivamente no me gusta la filosofía moderna, que salva a los árboles y mata a los niños (interrupción dicen ellos), esa misma filosofía que embotella la felicidad con 40º y una nota de consumo responsable.

Creo que por favor, perdón y gracias, son realmente las palábras mágicas y que cambiarán el mundo.

No me gusta la filosofía moderna del compromiso con fecha de caducidad y del amor en contrato, de lo socialmente establecido y lo políticamente correcto, de los daños colaterales, del número de identificación y de que las personas sean o clientes o compradores en potencia.

Creo que la música es algo más que MTV, que el cine es algo más que Hollywood, que la comida es algo más que una necesidad natural y que las conversaciones son cara a cara y que tras una pantalla sólo hay ficción.

No me gusta que la belleza se mida entorno a 90-60-90, y que la sonrisa no pueda ser inocente. Tampoco creo en la hipocresía del diálogo como primera opción y un ejército por si falla la primera opción.

También creo que somos más que el bípedo implume, o el animal racional, o el homo sapiens, o el conjunto de células organizadas complejamente; que somos diferentes entre nosotros, sí, ¿y qué hay de malo en eso?, nuestro diseñador no ahorró en originalidad, gracias a Dios.

Gracias pero yo la copa no la lavo por fuera, la lavo por dentro. Y la lavo, no creo en un mundo de usar y tirar, de que el tiempo se compre con dinero, de horas extra, de turno preferente y de horario de citación. Rechazo toda clase de violencia, y sí hermanos sí, es o TODO o NADA.

Gracias pero creo que yo solo me las puedo apañar para ser una buena persona, y no necesito moralistas, ni éticas baratas de moda, ni de pedanterías, ni de aparentar, ni de mejorar la imagen personal, ni de tendencias, ni de allí donde fueres haz lo que vieres, ni de la vida son dos días.

Yo soy más de la originalidad de cada uno, de la libertad, de la responsabilidad, del altruismo, de la radicalidad y la coherencia, de que tu felicidad resida en la felicidad del otro. Yo soy más de disfrutar de la vida, que de ir tirando, soy más de ver la belleza en la naturaleza y no en las materias primas. Y a pesar de lo que digaís, el mundo es un lugar bello y hermoso que merece la pena construir y mejorar, porque si en algo estamos de acuerdo es en que la esperanza es lo último que se pierde.

viernes, 21 de agosto de 2009

Armonique

Version1


Version2


- Bessie, este tren se mueve demasiado.
- No es el tren, eres tu.
- Además, ¡aun no sé dónde nos está llevando!
- Fuiste tu quien compró los billetes cielo.
- ¿A sí?¿Y con que dinero los pagué?.
- Pues con el dinero que teníamos reservado.
- ¿Reservado para qué?
- Reservado para los billetes que teníamos reservados.
- ¿Reservados hacia dónde?
- No lo sé, tu los reservaste.
- ¿Yo los reservé?
- Si cielo, tu los reservaste.
- Yo los reservé, pero no recuerdo que dijeran que era un tren tan incómodo.
- Es que estás sentado encima de la maleta.
- Es para que no nos la roben.
- Cielo, no tenemos nada de valor en la maleta.
- Shhh, pero eso ellos no lo saben.
- Nadie te quiere robar nada cielo.
- ¿Nadie me quiere?
- Nadie te quiere robar nada, claro que mucha gente te quiere cielo.
- ¿Tu me quieres no?
- Claro cielo.
- Yo también Bessie.

martes, 18 de agosto de 2009

filosofía para todos los públicos



- Oye papá, ¿por qué siempre sonríes a todo el mundo?, aunque sean personas malas que te quieren hacer daño o que no les gustas, ¿eh papá?, y cuando estas triste nunca me doy cuenta porque siempre sonríes, igual que cuando la abuelita subió al cielo, que el tío Juan y el tío Roberto y la tía Julia lloraban y tu sonreías... ¿eh papá?

- Pues mira hijo mío, porque una sonrisa sólo trae buenas consecuencias, además, ¿a que cuando tu tienes miedo o estás triste y ves mi sonrisa te alegras un poquito?

- Si papi.

- Pues por eso es que siempre sonrío, pero eso no significa que a veces no esté triste. Pero hay que ver el lado positivo de las cosas, y ver lo bonito y lo bueno de todo lo que nos pasa en la vida, ¿no crees que la gente que siempre ve lo bueno de las cosas está más contenta?

- Si papá, es como cuando he comido mucho helado y me duele la tripita, no lloro porque veo el lado bueno, que he comido mucho helado.

- Además, hijo mío, es un gesto de libertad, porque aunque la vida te haga estar triste, tu puedes rebelarte y decidir libremente gastarle una broma a la vida y sonreir.

- ¿Qué es relebarse papi?

- Rebelarse es no hacer caso a una norma que no es justa.

- ¿Y qué es la libertad?

- Pues la libertad es lo que te doy yo a ti, cuando damos un paseo por el campo y tu correteas lejos de mi, entonces yo no te obligo a que estes a mi lado, sino que eres tu el que libremente vuelve de vez en cuando a ver donde estoy yo, y para comprobar que no te has perdido.

- Es que Federico, el de mi clase, dice que libertad es hacer siempre lo que te de la gana, pero si yo me voy muy lejos de ti en el campo tengo miedo y no se adonde ir.

- Claro, por eso libertad es que tu quieres que yo esté contigo pero también quieres explorar el mundo tu solito, y aunque yo no te diga que vuelvas cuando ya te has ido muy lejos, eres tu el que vuelves a ver donde estoy yo, aun sabiendo que si te pierdes iré a buscarte.

- ¡Sí!, porque eres el papi más fuerte de todos.


lo-fi


- hay gente que se empeña en llamarlo cotidianidad
- ¿coti... qué?
- cotidianidad - repitió desanimado Meroveo, mientras aspiraba el humo dulzón de su cigarrillo.
- ¡qué cosas tiene la gente! - dijo automáticamente Tábata, que siempre acostumbraba a ser muy expresiva.
- es por eso que no debemos caer el la cotidianidad porque el individuo alienable y enajenable nunca debe tener esa sensación pseudoreconfortante de un hogar cuasiplacebo...
- mmm...
- ... ya te lo explicaré más adelante... en el que se sienta reconfortado y de esa manera denigrado a una oclusión dialéctica... - prosiguió Meroveo, como recitando a un gran Séneca o a un gran Vian.

Mientras Tábata se asombraba ante la disertación de Meroveo, un disco del Duque rodaba a 33⅓ revoluciones por minuto, dando mucho más sentido a las copias de Delaunay, Campendonk y Klee que había repartidas por la estancia, mientas el olor mentolado del cigarro de Meroveo se mezclaba con el Pisco y el ajenjo del Hada Verde que bebían todos ellos, tanto Meroveo, como Tábata, como Luján y Girnalda (dueños del piso) y Ernesto y su prima Fierce.

Todos ellos eran soñadores trasnochados de sentido, buscadores de aquello y de esto, pintores y escritores y calculistas y bailarines y bambalines y fierecillas inconformistas ebrias de universalidad; queriendo ser, al fin y al cabo, originales, distintos, ellos, esenciales (de esencia, de alma, de almax y de fragile glass), fondements de la culture, de nouveaux y, por qué no, botschafter der hoffnung.

Y en medio de esta ausente pero hiperrealista situación, realista pero hiperausente situación, ausente pero hipersituación realista a la vez que hipersituación ausente de realismo; en medio de, a pesar de y por encima de se hallaba la tan rechazada y marginada cotidianidad.



postdata






Bla, bla, bla, blah, blah, bleah, bleha, bleba, belba, helba, heabl, bleab, label, ble-ha, babel...

perfecta imperfección

Después de todo, al fin y al cabo, y como dice mi siempre fiel compañero de fatigas Groochie-Scroochie: "hantes de poder hescribir nada, hay que holerlo, sí sí, holerlo con la nariz, como hacen todos los helefantes cuando uno les ofrece cacahuetes con la mano"

¿Holer?, no será más bien oler, además cómo vas a oler algo antes de escribirlo, como mucho podrás verlo, pero olerlo, en fin creo que esto tiene más que ver con la mochila de viajes del viejo Groochie que con ningún tipo de sentencia o jaculatoria para el futuro.

El viejo Groochie siempre llevaba consigo una de esas mochilas desvaidas, de las que si comienzas a estirar de una de sus múltiples hebras, puedes quedarte con los restos de la mochila en las manos, porque al mínimo tirón toda la mochila se deshace en tus manos, como la literatura, como el pasado, como los recuerdos, como el arte.

Porque si estiras del hilo adecuado puedes deshacer siglos y siglos de dedicación, si en vez de escribir, hescribo, puedo deshacer la literatura, y si en vez de cerrar los ojos y verme, cierro los ojos y oigo un suave jazz e imagino y dibujo colores, entonces deshago el recuerdo, porque no soy yo el protagonista de mis visiones.

Por eso estoy convencido de que como decía el viejo Groochie-Scroochie, mi fiel compañero de fatigas (¿de fatigas?), necesito holer lo que voy a escribir, antes de hescribirlo, dejar que recorra todo mi cuerpo, que forme parte de mi presente y de mi pasado, si yo le dejo, y dejar que erosione cada recoveco de mi, y morir en cada palabra y desangrarme en cada escupitajo de tinta negra, porque al fin y al cabo eso es todo, tinta negra que se estira y baila, y se retuerce en pequeñas cascadas y tirabuzones de tinta negra sobre el papel, o peor aun, sobre un píxel (sí, de fatigas).

fraguando las bases de un gran edificio, edifico fraguas a base de grandes... ¡sueños!

PD: Sí, me he leído Rayuela y me encanta Cortázar.

PD2: No, no pretendo ser original ni tampoco horiginal.

PD3: Me he comprado una cámara de fotos, de esta foto en adelante todas serán mías.

PD4: Sí, me encantan las postdatas.

domingo, 21 de junio de 2009

Hipersensitividad


Siento tus latidos como el metal de la trompeta
temblando de emoción antes de escuchar su canto,
puedo oir cada uno de los gramos de aire
que inspiras y que renuevan de vida tus palabras.

Saboreo la lágrima que tímida resbala por tu mejilla
y que me dice que esta noche habrá muchas más como esa.

Puedo ver y contemplar el brillo anaranjado de tus ojos,
que aunque melancólicos, me hablan de primavera y misterio
y misericordia, pulso que late y erosiona tu brío.

Vivifica, hilvanando de esperanza, el sonido de tus pensamientos
fluyendo azarosamente por tu mente despejada y clara el girar del universo
altivo y soberano.

Musa clandestina de exóticos poemas
y misterio perenne.
Hoy veo tu risa, eterna, dulce como vino afrutado.

No te dejes inundar por esa marea grisácea
a la que llaman cínicamente racionalidad,
pero descuida, que yo estaré atento y vigilante
para salvaguardar tus pilares de mármol blanco,
tus fuentes de agua plateada y tu bandera celeste.

Centinela del primer albor de tu belleza
y del último destello de tu aérea esencia.

sábado, 30 de mayo de 2009

Beneficentiae

Quiero transmitirle una reflexión sobre la bondad humana y me he permitido la licencia de hacerlo de diversas formas para que pueda elegir la que se asemeje más a su persona y que le sea más sencillo apreciar. Con esto no trato de poner etiquetas a nadie, más bien todo lo contrario, que cada uno en su orginalidad forme parte de la misma idea.


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Para los que piensan con la cabeza, aman la razón y creen solo lo que ven.


Ya nos encargaremos mañana de la quietud del universo, y déjenme hoy proponerles un nuevo discurso. Y es que de lo que quiero hablarles no es ni más ni menos que de la existencia de la bondad en el hombre y de la medida en la que esta supuesta bondad afecta al transitar del universo.

Parece claro que se observan, o si lo prefieren atisban, en las obras humanas un grado de intencionalidad en ellas. Si efectuáramos ahora una distinción binaria entre dos tipos de intencionalidad y las pusiéramos una etiqueta, obtendíamos dos nuevos adjetivos con los cuales poder clasificar las acciones humanas.

No tendría que pasar mucho tiempo para observar que esta distinción binaria no basta para clasificar el conjunto de las acciones humanas, tanto las presentes, como las pretéritas.

Es por tanto que tendríamos que fabricar una escala, una graduación entre estos dos valores extremos de BIEN y MAL. Nos plantamos ante ardua tarea, pero tratemos de ser asépticos y metódicos en nuestra investigación y propongamos una escala objetiva para este estudio.
Tomemos pues una escala absoluta de 0 a 10 de tal forma que asignemos un valor de esta escala en relación con la proximidad o lejanía del objeto de nuestro estudio a el máximo o mínimo de dicha escala.

Déjenme ahora plantearles un dilema. ¿Sería suficiente esta escala para valorar el conjunto de las acciones humanas, tanto las presentes como las pretéritas, teniendo en cuenta todas las variables que influyen en la decisión previa a la realización de la acción?¿Si aumentáramos esta escala de 0 a 100 bastaría?¿Y de 0 a un millón?

Es claro que si empezamos a valorar estas variables encontraríamos algunas como: la voluntad de hacer bien o mal, la educación previa recibida por el individuo, la cultura en la que se encuentra el individuo, sus creencias religiosas, su moralidad, los posibles efectos primarios y secundarios de su acción... Parece claro que no hay forma, ni la habrá jamás, de hacer un análisis exhaustivo de la intencionalidad de las acciones humanas teniendo en cuenta todas las variables que afectan a este proceso y eligiendo una escala apropiada para su correcta clasificación.

Entonces debemos concluir que no existen acciones puramente buenas o puramente malas. Con esto no quiero inducirles a un relativismo moral, ni mucho menos; pero si quiero concluir afirmando que, y ahora voy a ser subjetivo, la bondad de la acción realizada por cualquier ser humano debe ser medida por el amor que se imprimió al realizar esa acción. Porque si bien saben, como afirmábamos en nuestra clase de ayer, es el amor la fuerza más poderosa del universo. ¿Se acuerdan cómo llegábamos a esta conclusión ayer?


Simplemente recordarles para los que no vinieron, que la única cosa en este mundo que hace sacar a relucir los mejores talentos y cualidades de las personas únicamente es el amor.

Muchas gracias caballeros.


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Para los que aman la música y creen que una canción cambiará el mundo





Y es que la bondad suena y resuena límpida y pulcra y este es su himno.


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Para aquellos para los que una imagen vale más que mil palabras






Compartir en la pobreza siempre ha sido la virtud más perfecta.


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Para aquellos para los que mil imágenes valen más que unas pablabras






la esperanza para el futuro...


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Para aquellos para los que diecisiete sílabas valen más que cualquier imgen y cualquier sonido



pequeño brote

inmanente, perfecto

árbol de vida



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don pacífico

que ígnea firma imprime y

sana en silencio




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Para aquellos para los que diecisiete sílabas son pocas para esbozar nada


Si falta la inocencia se desdibuja
la belleza del vivir extraordinario,
la imaginación del visionario,
y el existir se torna amargura.

Humana inmanencia que silenciosa
ayuda a reparar la malherida
conciencia, irracional utopía
que renuncia a una vida de prosa.

Premio y condena de su tímido amante,
pero condena dulcificada
y premio clandestino y palpitante.

Firma sobre tela no imprimada,
pompa de jabón que asciende brillante
hacia nube esponjosa y satinada.

Rumor intachable y libertario,
fugaz, insigne, puro, literario.

Legatto incesante de gotas de agua
y del ardor de las brasas su ascua.

Inocente retazo de libertad.

Bondad

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Para aquellos que piensan que lo que se quiera decir hay que hacerlo con humor



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Y para aquellos que un relato real de personas reales de carne y hueso es lo único que vale.



(Este relato no trata de ser literal ni en los nombres de las personas ni en las palabras, pero si hacer justicia a la esencia de la historia)



Como cada sábado, me dirigía hacia la casa de la calle Serrano en la que quedábamos todos los sábados a las 20:00. Cuando llegúe, Jorge ya había partido las barras de pan y Fátima ya había calentado el caldo. Me pusé a untar los trozos de pan con queso Philadelphia mientras Sergio ponía salchicas a los bocadillos que ya había untado y Pedro los envolvía con papel de plata.

Cuando todo el caldo estuvo caliente, Andrea lo guardó en varios termos. Ya estábamos listos. Lo metimos todo en los maleteros de los coches y los seis nos fuimos hacia Plaza España. Cuando llegamos, aparcamos donde pudimos y bajamos la comida del coche.

Esa noche era especial, aunque aun no lo sabíamos.

La primera sorpresa. En el subterráneo de Plaza España era el cumpleaños de Vasiliy, uno de los rusos que habíamos conocido la semana pasada. Nosotros lo sabíamos y habíamos llevado una "sorpresa", una caja de Ferrero Rocher, todo un lujo tanto para nostros como para ellos. En cuestión de 5 minutos el lúgubre y triste pasadizo de Plaza España se convirtió en el lugar más alegre que se pudiera imaginar. Yo saqué la guitarra y todos nosotros y las demás personas que allí vivían comenzamos a bailar y a cantar "Cumpleaños Feliz" a Vasiliy, mientras disfrutábamos de los bombones. Fue un lujo de alegría en un mundo de pobres.

Creíamos que el resto de la noche, comparado con aquello, iba a ser más ordinario.

Entonces llegamos a Ópera. Yo fui a hablar con Teresa, la mujer que vende libros a la salida del Metro de Ópera, porque la semana anterior no me dió tiempo.

- Hola Teresa.
- Hola, hola.
- Que tal la semana, ¿ha vendido muchos libros?
- Eh... bueno, no muchos.
- ¿Quiere un bocadillo y un caldito calentito que le traigo Teresa?
- Gracias majo, pero mejor dáselo a aquellos hombres de ahí - me dijo señalando a un grupo de hombres tumbados en los bancos de la plaza - que ¿sabes una cosa? a mi los de ahí... los de Rodilla, me dan algunos bocadillos que ya no van a vender y seguro que aquellos hombres los necesitan más que yo.
- No se preocupe Teresa, no ve que algunos de mis compañeros ya está con ellos, tenemos suficientes bocadillos. Venga coga uno. ¿Le importa que me siente aqui con usted?
- Que va, claro.

Entonces serví dos vasitos de caldo y comenzamos a hablar, más bien, yo comencé a escuchar.

- ¿Cómo me habías dicho que te llamábas majo?
- Juan Carlos Teresa, me llamo Juan Carlos.
- Eso Juan Carlos, sabes, esta semana he ido a la Comunidad de Madrid a pedir los permisos para tener este puesto - dijo señalando la tabla mal-montada con dos caballetes y llena de libros viejos sobre la que reposaban nuestros vasitos de caldo.
- Eso está muy bien Teresa.
- Además me han dicho que me van ayudar a pagarlo, porque cuesta tres mil euros tenerlo en "alquiler".
- Que bueno.
- Porque la diferencia es que yo trato de luchar y seguir adelante, no como otros que solo piden porque son unos vagos.
- Eso tiene mucho mérito.
- Porque yo, cuando estaba casada... Estuve casada con un directivo de X (empresa) y teníamos una casa muy bonita, y no vivíamos nada mal. Lo que pasa es... que ya sabes... las drogas y eso... y el alcohol...
- No se preocupe Teresa, no pasa nada.
- ¡Yo no tomaba nada! Era él. Y luego me pegaba. Unas palizas... Y mírame, que así estoy ahora, tengo una deficiencia mental del treinta por ciento, por las palizas.

Me quedé sin saber que decir. Únicamente podía mirar con ojos de tristeza.

- Pero él fue a la carcel.
- ¿Por el maltrato? - pregunté yo.
- Que va, por estafar a su empresa y robar dinero. El muy desgraciado encima les robaba. Pero en realidad yo no le guardo rencor, al fin y al cabo es una persona y le he perdonado. Pero mi vida cambió, y aquí me ves, con mis libros. Pero salgo adelante. Ahora lo único que quiero es poder tener suficiente dinero para comprar un piso con una amiga mía...
- Ya verá como en unos meses ya no la veo por aquí.
- ... En cuanto tenga un piso voy a dar la mitad de mi dinero a Cáritas, para construir colegios para los niños en África, para que puedan estudiar y ganarse la vida.
- Eso es increible Teresa - dije conteniéndome las lágrimas.

Ella hizo un gesto de no entender mi halago, como si su acción le pareciera lo más natural del mundo. Bebió un sorbo de caldo. Yo otro.

- Bueno Teresa, siempre es un placer. La semana que viene vendré otra vez por aquí, y le traeré algunos libros viejos que tengo en casa. También le traeré una manta, porque ¿tiene frío por las noches?
- No te preocupes... Juan...
- Juan Carlos.
- Eso Juan Carlos. No te preocupes que no tengo frío.
- Claro que sí mujer, que estamos en pleno Noviembre.
- Bueno, pues muchas gracias.
- Adiós Teresa.
- Adiós y que Dios te bendiga hijo.
- A usted Teresa.

Y ella siguió ahí, vendiendo algún que otro libro mientras yo me iba a mi casa.

Hoy en día Teresa ya tiene un piso que comparte con su amiga Carlota, aunque sigue montando su puesto de libros algunas veces. También manda una donación mensual de 400€ a Cáritas para construir escuelas en África.



Y es que la esperanza siempre brota donde menos se la espera.

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Espero que haya podido encontrar en esta entrada al menos una expresión que haya sido de su agrado y mediante la cual haya podido interiorizar una pequeña parte de lo que yo he querido transmitirle.


Muchas gracias por su tiempo.